Un sueño increible y hecho realidad
Carlos Pedercini es el capitán del "Freedom of the Seas", el barco más impresionante del mundo. Se trata de un crucero para más de 4300 pasajeros
La tripulación del barco lo llama "Captain Carlos". También los pasajeros, que lo buscan como a una estrella de televisión. Su barco (en realidad no es de su propiedad pero le pertenece) es demasiado grande para recorrerlo todos los días de punta a punta. Tiene 339 metros y fue botado hace unos pocos meses con el nombre de "Freedom of the Seas".
Meses atrás, un mail enviado por un marplatense desde Londres a la página de internet de LA CAPITAL avisaba sobre la presencia en el más moderno y prestigioso crucero de un capitán nacido en Mar del Plata. Es el Capitán Carlos, o dicho con todas las letras, Carlos Pedercini (41). "Nunca soñé con llegar a ser capitán. Mucho menos del crucero más grande del mundo", dijo Pedercini recientemente.
A fines de junio un periodista del diario La Nación viajó invitado a bordo del barco y no pudo entrevistarlo. No es un hombre fácil, menos cuando está realizando su trabajo. Claro, tiene como responsabilidad, nada menos, que conducir el más moderno y novedoso crucero del mundo, y el segundo en prestaciones, sólo superado en ese algunos rubros técnicos por el legendario Queen Mary 2. Pedercini, en cambio, concedió tiempo atrás una entrevista al diario Los Angeles Times, a través de la cual narra su experiencia frente al imaginario timón. Es que en estos tiempos, los sistemas de navegación computarizados han reemplazado al timón y la toma de decisiones tiene otras características.
A pesar de ello, Pedercini realiza mediciones sobre el mapa, usando el compás marino para marcar la mejor trayectoria. El ritual de la navegación artesanal se mantiene no sólo como un sistema complementario de emergencia, sino también para humanizar a una nave que parece salida de una factoría en el espacio exterior.
Según el periódico del oeste estadounidense una de las principales virtudes de Pedercini es la amabilidad y también que cuenta con "una parte de figura paterna, de gurú social, de navegador, y de jefe". Sin lugar a dudas, es el hombre más popular de la embarcación. "Los pasajeros quieren ver y encontrarse con el Capitán y todos quieren tomarse fotos conmigo, hablar conmigo y quieren que yo esté donde ellos están", comenta.
No es extraño que la orquesta del barco, cuando ve llegar a Pedercini ejecute lo que para ellos es la canción nacional de Argentina: Don't Cry, for me Argentina. "Yo no soy una celebridad de verdad, cuando bajo del barco nadie me conoce", dice atenuando el exceso de alabanzas. Pedercini tiene 41 años, sus infancia y adolescencia las pasó en Mar del Plata, y fue en la pantalla de canal 8 ó 10 donde vio a Gavin MacLeod caracterizando al capitán Stubbing en el Crucero del Amor. "Todos llegan al barco buscando al capitán del Crucero del Amor, pero Carlos es más amable", dice el vendedor de uno de los comercios a bordo.
El barco sale del Puerto de Miami un sábado y luego de una semana de viajar por el Caribe regresa, con la satisfacción de los más de 3.000 pasajeros de promedio que carga.
Comandando el barco durante 14 semanas seguidas, Pedercini se gana el derecho de descansar las siguientes 14. Y generalmente lo hace en Buenos Aires o Mar del Plata.
Pedercini es el más joven de los capitanes con los que cuenta la Royal Caribbean Internacional. "De la familia, soy el único loco que se le dio por ser marinero",
Un barco inigualable
El Freedom of the Seas fue construido en Dinamarca y contó con la supervisión de Pedercini, quien hace más de 15 años que trabaja para la Royal Caribbean. De Dinamarca el barco pasó al Dique 11 del Puerto de Hamburgo, donde se le hicieron los retoques finales ante miles y miles de turistas de todas partes que lo observaban desde el Altona Fishmarkt.
El crucero es inigualable. Posee camarotes de todos los niveles (se puede hacer el viaje de una semana por el Caribe con 1.700 dólares, incluído el aéreo hasta Miami), salas de conferencias, parques temáticos, un minigolf, una pileta de olas artificiales, un miniestadio, varios restaurantes, bares, discoteca y hasta un teatro. Puede albergar hasta 4400 pasajeros en sus 1.817 camarotes distribuidos estratégicamente en 18 niveles de cubiertas. Nada menos.
Este barco cuenta con más de 100 mil caballos de fuerza para mover las 160 mil toneladas y su diseño le otorga una estabilidad que disimula cualquier tipo de variación provocada por las olas. Esto significa que tiene que haber una tormenta demasiado grande (y repentina) para que la gente que viaja se dé cuenta que no está en tierra firme.
La Royal Caribbean invirtió casi 1.000 millones de dólares en este proyecto, de los cuales 150 fueron destinados a tareas de promoción, reclutamiento de personal, y acondicionamiento de ciertos puertos para poder recibirlo. El resto del dinero está todo volcado en el magnífico barco.
El viaje inaugural se efectuó el 4 de junio desde Miami y en su recorrido tocó Cozumel, Georgetown, Montego Bay y Labardee. Estrellas de cine, millonarios de perfil bajo, deportistas, fanáticos de la náutica, políticos y muchos extranjeros son quienes se gastan algo de su dinero para pasarla bien durante siete días por las aguas del caribe.
El crucero cuenta con algunas características sorprendentes: el teatro Arcadia tiene 1350 localidades, es decir que es tan grande como el más grande de los teatros que hay en Mar del Plata. Allí todos los días (es decir, los siete días que dura la travesía) hay funciones en distintos horarios, con distintas obras.
Otro rasgo distintivo, que está bajo el control de Pedercini, es la potencia de los motores. Pocas máquinas que funcionan en el planeta poseen la propulsión del Freedom of the Seas. No obstante, los 101.369 caballos de fuerza no significan velocidad, sino fuerza. Su velocidad máxima es de apenas 45 kilómetros por hora, algo que no preocupa en absoluto a los clientes, quienes cuanto más lento sea el barco, mejor. Es que la cantidad de entretenimientos a bordo, provoca que la permanencia perpetua sea un deseo recurrente en los pasajeros.
Tecnología, tradición, logística, glamour y show se combinan para otorgar un servicio único. Todo ello bajo la supervisión de un marplatense, que en sus vueltas a la ciudad mira con los mismos ojos la costa, ese mar azul no tan perlado como el del caribe, pero refugio de lanchas amarillas, barcos de altura y poteros que alguna vez le hicieron soñar con conquistarlo. Como ahora.
25/07/06
LA CAPITAL











es un muy lindo barco y