Peripecias de un argentino en la Antártida: Algunas anécdotas del diario de viaje del químico Damián López

Hace tres meses que se encuentra en la base más al sur de la Antártida junto a un grupo de documentalistas en el velero Sedna IV. Realizará trabajos de investigación relacionados con el Cambio Climático.

En la zona de la base Melchior -ubicada en el Archipiélago del mismo nombre - de la Antártida, un grupo de 13 científicos y documentalistas está realizando una invernada, en el continente helado. Un Marplatense por adopción -el doctor en química Damián López- es parte de ese grupo que llegó al continente blanco a mediados de marzo.

Gracias a internet, este medio tiene la posibilidad de dar a conocer algunas de las anécdotas y peripecias -que son muchísimas y más que interesantes- que Damián ha transmitido por correo electrónico.

Damián fue convocado para participar de la expedición del velero canadiense documentalista Sedna IV hacia la Antártida, sumando a los objetivos originales del grupo canadiense un componente científico de realizar estudios relacionados con el cambio climático y las radiaciones ultravioleta. Este proyecto de investigación, está encabezado por el Instituto de Ciencias del Mar de Rimouski (Canadá) en colaboración con otras entidades canadienses y el Instituto Antártico Argentino. Con la participación de López quedan involucrada también la Universidad Nacional de Mar del Plata

“Efectos de la radiación ultravioleta-B y del recalentamiento global sobre la bomba biológica: un estudio temporal y latitudinal” es el título del proyecto en el que Damián (32 años) es el encargado de los estudios de fotoquímica y gases de efecto invernadero durante la invernada antártica en el velero Sedna IV en la base Argentina Melchior y en la navegación inter-hemisférica de retorno a Canadá al final de la expedición, prevista para enero de 2007.

El grupo se completa con Jean Lemire (43), biólogo y camarógrafo, Martine Leclerc (60) director de fotografía, Joëlle Proulx (30) cocinera, Marco Fanía (35), técnico en sonido, Francoise Prévost (40) médico, Mario Cyr (46) buzo profesional y camarógrafo, Mariano López (38, argentino) psicólogo, Amélie Breton (31) antropóloga, editora de audio y video, Stevens Pearson mecánico, buzo profesional, Serge Boudreau, buzo, Sébastien Roy, biólogo y Pascale Otis (27) bióloga.

Después de 3 días de travesía en el buque Almirante Irizar, el grupo llegó a la base Melchior, que estaba siendo reacondicionada para que pudieran quedarse, a mediados de marzo.

"El velero, en sí, es cómodo. Somos trece personas y hay cuatro baños disponibles y también cuatro duchas, el grupo de gente es genial y se labura mucho en equipo. Hay tareas compartidas y rutinas del barco que aprendimos de a poco" escribió Damián.

Durante los primeros días "nos dedicamos a lo más importante que era organizar la carga y salvar la comida. Es que el clima estaba de lo más loco y con mucha lluvia, como consecuencia más que nieve había un hielo muy duro".

El factor climático en dicha zona es determinante para organizar las tareas que los miembros del grupo van a realizar cada día.

Sobre los primeros días de trabajo, cuando lo fundamental era organizar todos los espacios en la base, comentó que "un viernes arrancamos en una jornada de trabajo faraónico con varios objetivos: conectar el generador que trajimos, poner en marcha el freezer y el ultrafreezer, organizar un poco las cosas en el piso superior del laboratorio".

Sobre la base describió que "consta de un edificio más pequeño de dos plantas que es el laboratorio, con la parte inferior de depósito y la superior para trabajar (que dicho sea de paso quedó impecable!) y dos cuerpos más que son la casa principal", este último espacio pensaron, acondicionarlo como sala de estar y gimnasio.

Al día siguiente "nuevamente hubo lluvia y nos tocó comenzar las tareas para armar un puente colgante entre el velero y la base". Según escribió "con todas las veces que vamos a ir de un lado para el otro, moverse siempre en el zodiac -bote semirrígido- no es lo más práctico".

El contacto con los afectos

"El momento de la conexión -a internet, un lujo que pueden darse pocos minutos al día- es algo para destacar. Se presiente la ansiedad en el ambiente. Nadie quiere perderse esos preciosos minutos en los que se abre la conexión para enviar y recibir mensajes. Es una pequeña agonía, cruzando los dedos para que el tiempo alcance para mandar todo y después ver quién nos escribió. Cada mensajito es una gran alegría ya que supone un encuentro con los afectos y las amistades, el único que nos podemos dar el lujo de tener en estas latitudes" contó Damián.

En ese sentido lamentó que "el tiempo es poco y generalmente las respuestas se elaboran después ya que al otro día hay que trabajar y uno no quiere que llegue la hora de conexión sin haberlas preparado, más teniendo en cuenta que la hora de conexión es variable".

Pero cuando no pueden trabajar por razones climáticas o de falta de luz no se aburren. "Hay una cantidad inagotable de películas a bordo en formato DVD y casete. Si sumamos las más o menos 100 en promedio que se trajo cada uno, ni mirando 4 películas por día llegamos a verlas todas" razonó.

Además no sólo tiene a Mariano -el otro argentino- como compañero de mate. "Hay fácil 4 mates a bordo y todas las tardes se arma la ronda" escribió.

Estas son algunas de las vivencias de Damián en su hogar, por casi un año, la Antártida. En próximas ediciones habrá más anécdotas de este grupo, que está allí para investigar y contribuir a la difusión de las mejores imágenes del continente blanco, su fauna y su flora.

24/6/06
LA CAPITAL

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