Con información exacta y a tiempo se compite mejor

FotoLa distorsión de datos genera incertidumbre. El poco acceso a números confiables provoca más barreras al comercio y al desarrollo del país. Las estadísticas de los puertos públicos son insuficientes.

No hay duda que tras la terrible devaluación de diciembre de 2001, los incrementos de precios internacionales de los productos agrícolas en combinación con el mantenimiento de un tipo de cambio alto, constituyeron los factores clave para el crecimiento de las exportaciones y resolver, entre otras cosas, los problemas de falta de divisas.

Tampoco a nadie escapa que el primero de estos factores, el aumento del precio de los productos agrícolas, es un factor que no es resultado de decisión alguna tomada dentro de las fronteras del país, sino más bien un toque de fortuna o un milagro en el preciso momento en el que el país zozobraba.

Pero también junto con la recuperación económica que esto implicaba, se hizo cada vez más notorio que una particular visión de la política se ha empeñado en hacer su aporte para capitalizar todo el éxito como propio, pretendiendo construir una “realidad virtual” a partir de administrar de manera subjetiva los datos de la realidad. El caso del Indec es el ejemplo más destacado.

Curiosamente cuanto más se pone de manifiesto importancia que tiene el comercio exterior para alcanzar mayores niveles de inserción del país en el comercio mundial, y sostener el crecimiento del sector productivo a través de la expansión de la exportación, las limitaciones al acceso y distorsión de la información generan incertidumbre y desconocimiento acerca de que es lo qué pasa y qué es lo que se necesita, generando un tipo de barrera al comercio y el desarrollo inaceptable para el mundo actual.

Por su eficiencia, la navegación es el modo de transporte que moviliza mayoritariamente el comercio mundial y su importancia se torna aun mayor para un país con una posición geográfica tan apartada como Argentina. Sin embargo, tanto por cuestiones de calidad, restricciones de acceso, entro otros ítems, no se advierten necesidades y problemas construyendo artificialmente nuevas barreras al desarrollo del comercio exterior y, por ende, a la producción y el empleo.

Según el INDEC durante el primer semestre de 2008 las exportaciones fueron de u$s 33.257 millones, mientras que las importaciones en ese mismo período fueron de u$s 28.113 millones. Comparado contra los u$s 24.810 y 19.346 millones de envíos y compras registrados para el mismo semestre de 2007, según estos datos resulta que a pesar de tres meses de conflicto agrario y del dominio de las manufacturas y productos primarios de ese origen sobre la composición de nuestras exportaciones, éstas aumentaron 34%.

Por otra parte, las importaciones crecieron 45%. Estas cifras determinan que la Argentina registró durante el primer semestre de 2007 un flujo comercial de u$s 44.156 millones, y durante el mismo período de este año alcanzó u$s 61.370 millones, lo cual implica que durante ese período de 2008 se logró un crecimiento del flujo comercial del 38,98%.

En materia de infraestructura asociada a la movilización del comercio exterior, no es el valor sino las magnitudes físicas lo que cuenta para dimensionar requerimientos, aunque el valor de las cargas define el tipo de servicio y necesidades de inversión asociadas. Así las cosas, a nadie escapa que para sostener la expansión de la producción, a través de las exportaciones y el crecimiento de nuestro comercio exterior, se hace imprescindible contar con infraestructura portuaria con capacidad siempre suficiente para adelantarse razonablemente a la previsible evolución de la demanda, pues de lo contrario tendríamos en ella una restricción.

A piacere

Pero para ello hay que saber lo que pasa. ¿Cómo saber cuál es la verdadera situación en este campo? La información estadística que proveen las autoridades de los puertos públicos locales es en el mejor de los casos insuficiente. Cada uno informa lo que quiere y cuando quiere –siempre tarde-.

Mientras que el INDEC con todos sus problemas informa sobre el comercio exterior con un mes de retraso, las autoridades portuarias en el mejor de los casos lo hacen después de más de tres meses como en el caso del Puerto de Buenos Aires.

Asimismo, con sólo observar los sitios de Internet de las autoridades portuarias nacional y provinciales, observamos que los estándares de información han quedado a criterio de cada caso en particular. Por ejemplo en el campo de las operaciones con contenedores se puede observar que en algún caso los volúmenes informados solo corresponden a contenedores embarcados llenos, ignorando datos elementales como los desembarcados y vacíos involucrados en cada una de las operaciones. En otros casos, aun existiendo operaciones con contenedores, nada de ello se informa.

Sin duda alguna esta situación de verdadero oscurantismo no nos hace más competitivos ni de forma alguna le conviene al país y al interés general. Mientras nos sorprendemos viendo como nuestros vecinos progresan, no reparamos en los esfuerzos que éstos le dedican a mantenerse informados de la manera más precisa y actualizada –en algunos casos hasta semanalmente- para apreciar el rendimiento de su esfuerzo y advertir problemas y necesidades con antelación para seguir la marcha hacia un destino mejor.

Por DANIEL H. CASO
Capitán de Ultramar y licenciado en Administración Naviera

27/08/08
TRANSPORT & CARGO
EL CRONISTA

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